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Plantas para lograr un sueño tranquilo

Gracias a sus propiedades calmantes y relajantes, algunas plantas pueden ayudarnos a sosegarnos antes de irnos a dormir. Una vez en los brazos de Morfeo, solo queda sitio para los sueños y el descanso.

Sueño tranquilo ¡las plantas se ponen a tu servicio!

Cuatro plantas destacan por su efectividad contra la sensación de ansiedad:

Amapola
(Papaver rhoeas)

coquelicot

La amapola es el remedio perfecto para aquellos que deseen regresar a la calma y a las noches tranquilas. Sus pétalos favorecen la relajación y ayudan a conciliar el sueño calmando los nervios y la ansiedad. Solo para adultos.

Avena
(Avena Sativa)

avoine

Gracias a sus propiedades calmantes y relajantes, la Avena sativa favorece la relajación en caso de agitación nerviosa, especialmente en periodos de actividad excesiva o sobrecarga intelectual. También ayuda a mejorar la calidad del sueño. Solo para adultos.

Rhodiola
(Rhodiola rosea)

Rhodiole

La Rhodiola o «raíz de oro» es una planta perenne que crece en los terrenos arenosos y secos de las pendientes rocosas y de los acantilados de las zonas frías de Asia, Siberia, Escandinavia y América del Norte. Tradicionalmente, se ha dado uso a su rizoma, que es comestible y huele a rosa. La raíz de la Rhodiola rosea se emplea para facilitar el descanso y ayudar al organismo a enfrentarse al estrés  circunstancial, favoreciendo la relajación. Solo para adultos y niños mayores de 15 años.

Eschscholtzia
(Eschscholtzia californica)

escholtzia

Originaria de California, la eschscholtzia fue introducida en Europa por el botánico ruso J.F. ESCHOLTZ, en el siglo XIX, como planta ornamental. Suele usarse con fines relajantes, tanto en niños como en adultos, sobre todo en caso de problemas leves para dormir Es muy útil para recuperar un sueño reparador y tranquilo. Solo para adultos y niños mayores de 12 años.

La siesta: una necesidad natural

La comida no es la única responsable del sueño invencible que nos invade a mediodía. La fisiología nos enseña que hay una ventana abierta al sueño entre las 13:00 y 14:00 horas.

Hay que tener cuidado de no malinterpretar la palabra siesta. No se trata de ponerse el pijama y dormir dos horas seguidas, sino de tomarse un respiro de unos minutos, que resulta muy beneficioso para proseguir nuestra actividad. Se trata de una fuente de equilibrio entre el día y la noche.

Para quienes no tengan tiempo, ni un espacio adecuado para echar la siesta, puede ser suficiente con aislarse del entorno durante unos minutos cerrando los ojos (aunque sea sentados), concentrándose en el propio cuerpo y la propia respiración durante algunos instantes. Entre quince y veinte minutos de siesta son suficientes. Si dormimos más, corremos el riesgo de entrar en un ciclo de sueño del que nos será muy difícil salir.