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Plantas para lograr un sueño tranquilo

Gracias a sus propiedades calmantes y relajantes, algunas plantas pueden ayudarnos a sosegarnos antes de irnos a dormir. Una vez en los brazos de Morfeo, solo queda sitio para los sueños y el descanso.

Sueño tranquilo ¡las plantas se ponen a tu servicio!

Cuatro plantas destacan por su efectividad contra la sensación de ansiedad:

Pavolina
(Papaver rhoeas)

coquelicot

La pavolina es el remedio perfecto para aquellos que deseen regresar a la calma y a las noches tranquilas. Sus pétalos favorecen la relajación y ayudan a conciliar el sueño calmando los nervios y la ansiedad. Solo para adultos.

Espino Albar
(Crataegus laevigata)

avoine

Gracias a sus propiedades cardiotónicas y sus efectos vasodilatadores, el espino albar puede resultar útil en caso de arritmias cardíacas. Por otro lado, ejerce una actividad sedante del sistema nervioso central, aliviando el nerviosismo, la tensión y la irritabilidad que pueden venir acompañados de palpitaciones. Esta actividad permite reducir la dificultad para dormir. Solo para adultos.

Pasiflora
(Passiflora incarnata)

pasiflora

La pasiflora posee flavonoides y alcaloides que son los responsables de su efecto en los trastornos del sueño, restaurando progresivamente un sueño reparador y de calidad en aquellas personas que padecen insomnio. También eficaz en el tratamiento de los espasmos nerviosos. Al no producir habituación ni dependencia, constituye una interesante alternativa en el tratamiento de la ansiedad y el nerviosismo. Solo para adultos y niños mayores de 12 años.

Amapola de California
(Eschscholtzia californica)

escholtzia

Originaria de California, la amapola de California fue introducida en Europa por el botánico ruso J.F. ESCHOLTZ, en el siglo XIX, como planta ornamental. Suele usarse con fines relajantes, tanto en niños como en adultos, sobre todo en caso de problemas leves para dormir. Es muy útil para recuperar un sueño reparador y tranquilo. Solo para adultos y niños mayores de 12 años.

 

La siesta: una necesidad natural

La comida no es la única responsable del sueño invencible que nos invade a mediodía. La fisiología nos enseña que hay una ventana abierta al sueño entre las 13:00 y 14:00 horas.

Hay que tener cuidado de no malinterpretar la palabra siesta. No se trata de ponerse el pijama y dormir dos horas seguidas, sino de tomarse un respiro de unos minutos, que resulta muy beneficioso para proseguir nuestra actividad. Se trata de una fuente de equilibrio entre el día y la noche.

Para quienes no tengan tiempo, ni un espacio adecuado para echar la siesta, puede ser suficiente con aislarse del entorno durante unos minutos cerrando los ojos (aunque sea sentados), concentrándose en el propio cuerpo y la propia respiración durante algunos instantes. Entre quince y veinte minutos de siesta son suficientes. Si dormimos más, corremos el riesgo de entrar en un ciclo de sueño del que nos será muy difícil salir.